jueves, 10 de julio de 2014

Felipe VI, Rey de España


Se dice que es el heredero que llega al trono con la más exquisita formación personal e intelectual, siendo por lo tanto, el rey en estreno de quien se tienen las mayores expectativas.  En los momentos siguientes a su proclamación como Rey de España, la popularidad personal del apuesto príncipe heredero, rozaba un nada despreciable 47% una cifra histórica si se considera que España, como ningún otro de sus vecinos europeos, está navegando desde hace tiempo las difíciles aguas de la división entre republicanos y monárquicos; tema que posiblemente haya influido notablemente en la abdicación de su padre SM Juan Carlos I de Borbón y Borbón; en un empeño por darle una cara nueva y un impulso definitivo de renovación a la institución monárquica.
Nacido como Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, el 30 de enero de 1968, en la clínica de Nuestra Señora de Loreto, de Madrid es, posiblemente el más “sangre azul” de todos los príncipes azules europeos y aquel cuyo pedigrí es completamente impoluto. Es hijo de SM Juan Carlos de Borbón y Borbón, lo que por ese lado lo convierte en nieto de Don Juan de Borbón y Battenberg y de Doña María de las Mercedes de Borbón y Borbón Dos Sicilias, quienes a su vez eran hijos del rey Alfonso XIII y de la Reina Victoria Eugenia, descendientes de las nobilísimas casas de Borbón en Francia y España y de los mismísimos Reyes Católicos. Su madre, SM la Reina Sofía de Borbón, nacida princesa de Grecia y Dinamarca  es hija de los reyes Pablo y Federica de Grecia, por cuyo lado se emparenta con las casas reales Alemana,  Rusa e Inglesa. En su árbol genealógico puede encontrarse de igual modo la sangre de Carlos V, Isabel La Católica o los malogrados Zares de Rusia. Proviene, además, de una rama familiar en la que ha entrado muy poca sangre “plebeya” aunque el mismo no haya hecho nada por mantenerlo en su descendencia.
Es, sin duda alguna, también uno de los más apuestos, cercanos y elegantes miembros de la realeza europea y su entrada con pie firme a la jefatura de estado Española ha estado precedida de serias negociaciones que garantizan no solo su ascensión al trono, sino también (quizás lo más importante) el aseguramiento del orden constitucional y su respaldo inquebrantable al régimen parlamentario que rige los destinos del reino.
Fue educado para eso:  Desde que cursara sus estudios en el afamado Colegio de Santa María de los Rosales de Madrid donde estudio Preescolar, Educación General Básica y Bachillerato Unificado Polivalente, sin mayores prebendas ni diferencias respecto a sus compañeros “normales” fue así como empezó su andadura al trono.  Recibió clases de Inglés y Francés (lenguas que domina, al igual que el catalán) y al finalizar la educación secundaria, se incorporo al Lakefield College School de Toronto, en Canadá, donde realizó el equivalente al Curso de Orientación Universitaria (COU) graduándose con honores en 1985, año en que regresa a España para comenzar una dedicada instrucción militar:  la Academia General Militar de Zaragoza, la Escuela Naval Militar de Marín, la Academia General del Aire de San Javier  y el buque escuela Juan Sebastián Elcano, fueron testigos de esa etapa de su formación.  Al momento de su proclamación como rey, ostentaba los rangos de teniente coronel del Cuerpo General de las Armas del Ejército de Tierra de Infantería, capitán de fragata del Cuerpo General de la Armada y teniente coronel del Cuerpo General del Ejército del Aire.
Fue ungido como heredero (hay quien piensa que “le fue escrito su destino”) el 30 de enero de 1986, a los 18 años, en un acto en el congreso de los Diputados en el que juró lealtad a la  Constitución de 1978 y a su padre el Rey, aceptando su papel como sucesor al trono. En el acto, el ya príncipe Felipe llevaba puesto un traje de civil y no su uniforme de cadete de la Academia Militar, a diferencia de su padre, que el 22 de noviembre de 1975 juró el cargo de monarca con su uniforme de Capitán General del Ejército.
Si algo destaca en la biografía del nuevo monarca español, es su aparente buen carácter, su cercana amabilidad y el enorme parecido a su madre, a la que adora. Es un hombre discreto, enemigo de los grandes fastos, poco dispendioso y  muy poco dado a protagonizar escándalos. Ha tenido, como no, sonadas aventuras amorosas (nadie ha olvidado su tórrido romance con una modelo alemana o su fallida historia de amor con una aristócrata española) y alguna que otra “metida de pata” muy leve; pero, en general exhibe una hoja de vida bastante limpia.  Parece ser amigo de la verdad y evitar las medias tintas. Tal vez nada habla mejor de su templanza y honestidad, que su matrimonio, producto del amor más puro, con una periodista asturiana sin una gota de “sangre azul” en su historia,  nieta de un taxista madrileño e hija de una enfermera de la sanidad pública: Letizia Ortiz Rocasolano.  Fue la mayor concesión a sí mismo y el acto más aplaudido de su ejercicio como príncipe heredero.  Fuentes cercanas a palacio revelan que, llegado el momento de hacerlo, emplazó a sus padres, estrictos defensores de la “pureza de las sangres reales” diciéndoles: “esto es lo que hay y no podrán hacerme cambiar de idea, es Letizia o nadie”
Se casaron el 22 de mayo de 2004 en la Catedral de la Almudena de Madrid. Ante la curiosa mirada de aristócratas,  jefes de Estado de diversas partes del mundo, miembros de todas las casas reales, herederos de grandes prestigios y grandes fortunas, personajes públicos de España y el extranjero y destacados intelectuales.  El 31 de octubre de 2005 a las 1:45 horas, la princesa Letizia dio a luz a una niña, la infanta Leonor, primogénita del entonces heredero del Trono y segunda en la línea sucesoria de la Corona española. El 29 de abril de 2007 nació su segunda hija, la infanta Sofía, que se convirtió en la tercera en la línea sucesoria a la Corona.
Destacado deportista, practica deportes como el squash y el esquí y es apasionado del deporte de vela, habiendo participado en numerosas competiciones de esa disciplina: en 1989 y 1990 su embarcación quedó primera en el campeonato de España en la clase Soling, ganando también la Copa España.  En 1990 quedó quinto en el campeonato del mundo de vela. Sus clasificaciones en el Campeonato Mundial le permitieron ser seleccionado el 27 de enero de 1992, para participar en los Juegos Olímpicos. El 15 de marzo de 1992, su embarcación logró la victoria en la Copa de España de Vela de clases olímpicas, asegurando su clasificación para las olimpiadas de Barcelona 1992 en la que fue el abanderado de la delegación española.
Su Católica Majestad Felipe VI de Borbón y Grecia, Rey de España fue proclamado en un solemne acto institucional de gran sencillez, el pasado 19 de junio de 2014. Es el inicio de una era completamente nueva para una monarquía que cuenta con el extraordinario logro de haber instaurado la vida civil y la democracia en una España ensangrentada por la terrible dictadura Franquista. Es tarea de SM Felipe VI, abrirle nuevos caminos a la modernidad y demostrar que los privilegios de casta se tienen para ponerlos a servicio de una nación y su desarrollo. No cabe duda que lo hará.

Formalidades de un cambio histórico

Quedarán para el recuerdo y será sin duda, un documento grafico al que echar mano para poner en claro un momento inolvidable de la historia reciente de España: en un sencillo y muy solemne acto protocolario, Su Católica Majestad Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón, Rey de España, sancionó la ley orgánica que hace efectiva su abdicación en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, usado únicamente para grandes celebraciones. A ese acto, primero de los que daban paso al relevo generacional acudieron unos 160 invitados, todos miembros distinguidos del alto gobierno español, así como las hermanas de SM El Rey Juan Carlos, SSAARR Las Infantas Pilar de Borbón y Gómez Acebo y Margarita de Borbón y Zurita; el Doctor Carlos Zurita, esposo de esta última y SAR La Infanta Elena de Borbón y Grecia, hija del rey saliente, quien estaba acompañada de su hijo mayor Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón. Junto a los nuevos reyes, se encontraban además, sus dos pequeñas hijas, SSAARR las Infantas Leonor y Sofía de Borbón y Ortiz, (La primera, nueva Princesa de Asturias). No acudió la familia de la nueva reina, SM Letizia Ortiz y Borbón, ni ningún miembro de Casa Real Europea alguna; excepción hecha del exiliado Rey de Grecia, SM el Rey Constantino de Grecia y su esposa,  SM la Reina Ana María (nacida Princesa de Dinamarca) hermanos de SM Doña Sofía, Reina de España. 
Un acto mucho mas solemne y festivo, realizado al día siguiente, servía como marco para la Proclamación oficial de SM Felipe VI, como Rey de España, ante la presencia de, únicamente, el alto mando militar, el alto gobierno español, las autoridades civiles, SM la Reina Doña Sofia y SAR la Infanta Elena de España. No asistió el rey saliente (para no robar protagonismo a su hijo, según él mismo dijo) ni invitado alguno de las otras familias reales europeas. No hay mejor forma de vivir ese momento histórico que gracias a la magia del video; por eso, mi blog rescata el video de esa ocasión insuperable, el primer cambio generacional de mando que vive el siglo XXI en la Casa Real española. El momento inolvidable en que, SAR el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Grecia, se convertirá en Su Católica Majestad, Don Felipe VI, Rey de España.

video
 

martes, 17 de junio de 2014

Particularidades de una sucesión histórica

Con su abdicación, anunciada el pasado 2 de Junio, SM Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón, Rey de España, ha  puesto en marcha una serie de cambios históricos que, juntos, abrirán la puerta a una nueva forma de entender y vivir una de las más antiguas e importantes monarquías europeas. Plagada de interrupciones, enfrentamientos y numerosos escándalos, con más de cuatro siglos en un trono sobre el que se han sentado, siempre, descendientes de la misma familia, aunque entrelazados tantas veces y mezclados de tal manera, que casi se hace imposible seguirles el rastro, sobre todo porque, tal vez como en ninguna otra familia de noble estirpe, se han realizado muchos matrimonios que aseguren la “limpieza de sangre” de los descendientes. Es un hecho lleno de detalles inéditos (no existe una situación similar de la que echar mano en tiempos relativamente cercanos) que en si mismos escriben una página desconocida hasta ahora,  a pesar que siete reyes Españoles han abdicado, aun cuando solo cuatro lo hayan hecho de manera voluntaria.  En la historia reciente, la monarquía fue parcialmente abolida por el dictador Francisco Franco, quien no aceptaba nadie que pudiera hacerle sombra a su “incuestionable” poder. Reinstalada en el trono después de su muerte por decisión suya, ni los últimos años del siglo anterior, ni los primeros de este,  han conocido un relevo en la corona y no lo esperaban hasta el momento de la muerte del Rey, quien había asegurado en múltiples oportunidades que “moriría en el trono”.  Sean cualesquiera que sean las razones verdaderas para esta transición, tomarla ha sido probablemente el acto  más valiente y humilde de un rey que siempre ha puesto por delante los intereses de España. Sin embargo, ha significado también una serie importante de otros cambios, que sin duda alguna escribirán un nuevo capítulo en la historia de España. Veamos algunas particularidades:
-          A diferencia de SM la Reina Sofía, nacida Princesa de Grecia y Dinamarca y “prima” de casi todas las testas coronadas de Europa, la nueva reina, SAR Doña Letizia Ortiz Rocasolano (actual Princesa de Asturias) no tiene ni una gota de “sangre azul” en su árbol genealógico. Es hija de una enfermera y un periodista con cierto renombre, nieta de un taxista madrileño y una famosa locutora de radio Asturiana. Es una mujer muy guapa, inteligente y estupendamente preparada para el cargo, después de 10 años de matrimonio con el Príncipe de Asturias, aunque no disfruta de la popularidad de su marido o de otros miembros de la familia real.
-          Para hacerle todos los honores al valor de las instituciones democráticas, SM el Rey Juan Carlos I planificó la abdicación cuidadosamente y para ello contó todo el tiempo con la participación de altos mandos del gobierno y de la política nacional. La primera persona a quien notificó la decisión formalmente tomada, fue al presidente del Gobierno y fue este quien lo anunció al pueblo español.
-          Aun cuando SAR Felipe, Príncipe de Asturias,  no es el hijo mayor de los Reyes, (la primera hija es la Infanta Elena) es él quien sucederá a su padre en el cargo, debido a que España es uno de los pocos países monarquicos en los que la sucesión de la corona está reservada al primer hijo varón por encima de las hijas hembras. No se trata de una Ley Sálica, que, como bien ha aclarado un lector interesado, realmente nunca existió en España; es, mas bien, un resabio de la ley de Sucesión Fundamental - también abolida - cuyos coletazos marcan la constitución de 1978 (Franquista) y estipulan los derechos sucesorios de la Corona Española.
-          Al ascender al trono Felipe VI, la composición actual de la “Familia Real” cambiará por completo. Las Infantas Elena y Cristina pasaran de ser hijas de rey a ser hermanas de rey, por lo tanto ya no serán parte de la familia real. Conservarán sus títulos y su distinción de Grandes de España, pero estarán eximidas de funciones oficiales y sueldos honorarios. Sus hijos también. Sus familias se convertirán en “parientes del rey” con la alcurnia que eso significa, pero sin mayores honores reales.
-          Las hermanas del actual rey, Doña Pilar y Doña Margarita, Infantas de España, conservarán sus títulos nobiliarios pues los heredaron de su padre, Don Juan de Barcelona, (heredero que no llegó a reinar por disposición de Franco) quien a su vez se los transmitió a través del Rey Alfonso XIII.
-          Los reyes salientes conservaran el titulo honorifico de Rey y Reina, el trato de Alteza Real y los honores correspondientes.
-          Los nuevos reyes, Príncipes de Asturias, pasarán de recibir el tratamiento de Altezas Reales al de Majestades, título reservado exclusivamente para el rey en ejercicio. Igualmente, el protocolo manda que sean tratados en tercera persona y nunca se les dirija la palabra directamente, a menos que ellos lo permitan expresamente.
-          El Rey saliente conservará el rango de Capitán General de las Fuerzas Armadas (en reserva) y su derecho a lucir uniforme militar, así como el trato preferencial correspondiente.
-          Por lo pronto no habrá cambio de residencias. SSAARR Don Juan Carlos y Doña Sofía continuaran habitando el “Palacio de la Zarzuela” y SSMM los Reyes Don Felipe y Doña Letizia continuarán habitando la “Casa del Príncipe” una nueva y moderna residencia construida en los terrenos de la Zarzuela, donde han habitado desde su matrimonio. Para ocasiones oficiales y eventos de estado utilizarán el Palacio Real.

-          La pequeña hija de SSMM Don Felipe y Doña Letizia, SAR La Infanta Leonor de Borbón y Ortiz, recibirá, inmediatamente al momento de proclamación de su padre, el título de Princesa de Asturias (título honorifico reservado al heredero de la Corona Española) pero, si sucediera algo al nuevo Rey, y aunque podrá ser proclamada Reina, es una asignatura pendiente de las cortes la enmienda constitucional que iguale sus derechos, garantizados solo por el hecho - fortuito - de que en el matrimonio del Rey no ha habido un hijo varón (parece que no lo habrá) y en la constitución española (como lo explico arriba) el orden sucesorio sigue recayendo en el hijo varón de los reyes a despecho de la existencia de la cantidad que sea de hijas hembras y de su orden de nacimiento; si naciera un nuevo hijo y este fuera varón, SM el Rey Felipe VI podría perfectamente mantener el orden sucesorio y otorgar preeminencia de heredero a este hijo.
-          Las funciones oficiales y beneficios de cualquier tipo otorgados a los reyes salientes, además de sus honores y títulos sancionados por ley emanada del Congreso Español, serán decisión expresa del nuevo Rey.
-          A los actos de proclamación de SM Felipe VI no asistirán, por decisión del gobierno español, ni jefes de estado extranjeros ni representantes de ninguna Casa Real de Europa o el mundo.  La razón esgrimida es el carácter sencillo y discreto de las ceremonias de sucesión; sin embargo, al finalizar las ceremonias oficiales, los nuevos Reyes ofrecerán una recepción en el Palacio Real a la que asistirán dos mil invitados, lo más granado y florido de la sociedad y la aristocracia española. Las Casas Reales extranjeras estarán representadas por sus embajadores respectivos.
-          El reinado de SM Felipe VI, empezará efectivamente a las 00.00 horas del 19 de junio, pues a esa hora entrará en vigencia la ley de abdicación que habrá sancionado su padre, SM Don Juan Carlos I, la tarde del día 18. Por lo tanto,  él y Doña Letizia ya serán Reyes cuando entren en el Congreso de los Diputados para el acto de proclamación (es incorrecto hablar de coronación, pues tal cosa no sucederá debido a la separación de  poderes del gobierno democrático)
-           Don Felipe, vestirá el uniforme de capitán general de los Ejércitos, como jefe supremo de las Fuerzas Armadas y  entrará por la Puerta de los Leones para efectuar el  mismo recorrido que hizo su padre en 1975. Serán acompañados por las autoridades españolas: el presidente del Congreso, Jesús Posada; el presidente del senado, Pío García Escudero y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
-          Cuando SM Don Felipe VI preste juramento, se colocarán sobre un cojín a poca distancia del sillón del trono, el cetro y la corona, símbolos de la monarquía española que se utilizan desde la reina Isabel II. Pero, no habrá junto a ellos un crucifijo.
-          La familia de la nueva reina, (padres y hermanos) serán invitados especiales en el acto de proclamación y lógicamente, se espera que tengan alguna presencia más activa en el nuevo reinado, pero no recibirán trato especial alguno, sueldo o  título honorario o nobiliario, ni funciones oficiales de ningún tipo.


Discurso de abdicacion de SM Juan Carlos I, Rey de España.

 
Un corto discurso, (748 palabras) televisado a mediodía del pasado 2 de Junio de 2014 puso fin, voluntariamente, a 39 años de un reinado que pasará a la historia como la era de la transición democrática, la solidificación de una sociedad políticamente madura y el mayor crecimiento social de un país que, aun cuando vive una profunda crisis económica, cuenta en su Rey la seguridad de una institucionalidad envidiable. Es tarea del sucesor restablecer el trabajo extraordinario de un monarca que todavía es el mayor capital activo que tiene España. A los españoles, perdonar los errores de un hombre que pecó de humanidad, como todos.
Este es el texto completo de ese mensaje histórico. No dice sino lo que necesita decir y lo dice con corrección de monarca:
 
"Me acerco a todos vosotros esta mañana a través de este mensaje para transmitiros, con singular emoción, una importante decisión y las razones que me mueven a tomarla. En mi proclamación como Rey, hace ya cerca de cuatro décadas, asumí el firme compromiso de servir a los intereses generales de España, con el afán de que llegaran a ser los ciudadanos los protagonistas de su propio destino y nuestra Nación una democracia moderna, plenamente integrada en Europa.
Me propuse encabezar entonces la ilusionante tarea nacional que permitió a los ciudadanos elegir a sus legítimos representantes y llevar a cabo esa gran y positiva transformación de España que tanto necesitábamos.
Hoy, cuando vuelvo atrás la mirada, no puedo sino sentir orgullo y gratitud hacia vosotros. Orgullo, por lo mucho y bueno que entre todos hemos conseguido en estos años. Y gratitud, por el apoyo que me habéis dado para hacer de mi reinado, iniciado en plena juventud y en momentos de grandes incertidumbres y dificultades, un largo período de paz, libertad, estabilidad y progreso.
Fiel al anhelo político de mi padre, el Conde de Barcelona, de quien heredé el legado histórico de la monarquía española, he querido ser Rey de todos los españoles. Me he sentido identificado y comprometido con vuestras aspiraciones, he gozado con vuestros éxitos y he sufrido cuando el dolor o la frustración os han embargado.
La larga y profunda crisis económica que padecemos ha dejado serias cicatrices en el tejido social pero también nos está señalando un camino de futuro cargado de esperanza. Estos difíciles años nos han permitido hacer un balance autocrítico de nuestros errores y de nuestras limitaciones como sociedad. Y, como contrapeso, también han reavivado la conciencia orgullosa de lo que hemos sabido y sabemos hacer y de lo que hemos sido y somos: una gran nación.
Todo ello ha despertado en nosotros un impulso de renovación, de superación, de corregir errores y abrir camino a un futuro decididamente mejor.
Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana En la forja de ese futuro, una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista, el mismo que correspondió en una coyuntura crucial de nuestra historia a la generación a la que yo pertenezco. Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana.
Mi única ambición ha sido y seguirá siendo siempre contribuir a lograr el bienestar y el progreso en libertad de todos los españoles. Quiero lo mejor para España, a la que he dedicado mi vida entera y a cuyo servicio he puesto todas mis capacidades, mi ilusión y mi trabajo.
Mi hijo Felipe, heredero de la Corona, encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica. Cuando el pasado enero cumplí setenta y seis años consideré llegado el momento de preparar en unos meses el relevo para dejar paso a quien se encuentra en inmejorables condiciones de asegurar esa estabilidad.
El Príncipe de Asturias tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir con plenas garantías la Jefatura del Estado y abrir una nueva etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación. Contará para ello, estoy seguro, con el apoyo que siempre tendrá de la Princesa Letizia.
Por todo ello, guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles y una vez recuperado tanto físicamente como en mi actividad institucional, he decidido poner fin a mi reinado y abdicar la Corona de España, de manera que por el Gobierno y las Cortes Generales se provea a la efectividad de la sucesión conforme a las previsiones constitucionales.
Así acabo de comunicárselo oficialmente esta mañana al Presidente del Gobierno. Deseo expresar mi gratitud al pueblo español, a todas las personas que han encarnado los poderes y las instituciones del Estado durante mi reinado y a cuantos me han ayudado con generosidad y lealtad a cumplir mis funciones.
Y mi gratitud a la Reina, cuya colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca.
Guardo y guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazón."

lunes, 2 de junio de 2014

Abdica SM Juan Carlos I de Borbón, Rey de España

 
Su Católica Majestad  Juan Carlos I de Borbón y Borbón,  Rey de España, de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Menorca, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano; Archiduque de Austria; Duque de Borgoña, Brabante, Milán, Atenas y Neopatria; Conde de Habsburgo, Flandes, el Tirol, el Rosellón y Barcelona y Señor de Vizcaya y Molina, ha puesto fin a su reinado. Lo ha hecho voluntariamente y en apego a las más estrictas normas de protocolo y correcto proceder. Según sus propias razones, el motivo principal de su abdicación; a pesar de los numerosos escándalos, enfermedades, estancias en hospitales y la profunda crisis social y política que vive el país sobre el que ejerce su reinado; no es otra que el deseo de retirarse a la tranquilidad de una jubilación (muy bien ganada) y “dar paso a nuevas generaciones”. Para SM Juan Carlos I, el futuro de la institución monárquica; pero, sobre todo, el futuro de la unidad española y los buenos haceres de la política Europea son, verdaderamente, la preocupación mas importante de su mandato al frente de un despacho que si bien no gobierna, lo convierte desde siempre en la figura política más importante de España, admirado en gran medida por su papel fundamental en la reinstauración y solidificación de la democracia en su país y, por ello,  al dejarlo en manos (más o menos) de su hijo, el muy bien preparado Príncipe de Asturias, SAR Felipe de Borbón y Grecia, garantiza una continuidad con visos de impecabilidad de la que, posiblemente, no se aleje completamente.
Ha sido una sorpresa gigantesca para la mayoría de los españoles, por no decir que para todos, que aunque se lo esperaban (era lógico pensar que sucedería en algún momento, dado su precaria salud ósea y ya avanzada edad) no avizoraban la llegada de la noticia en un momento tan cercano. Variadas versiones circulan, tanto por las redes sociales como por los diferentes medios que se ocupan de analizar exhaustivamente las actuaciones de las monarquías españolas; en todas se repite una vez y otra, que los acontecimientos se precipitaron por razones de todo tipo, pero sobre todo por los preocupantes resultados de las recientes elecciones europeas y el descenso en la popularidad de la monarquía entre los más jóvenes.
Habrá espacio para extensos análisis, para contar todos y cada uno de los detalles de un hecho histórico que, siguiendo el ejemplo de Los Países Bajos y Bélgica, da paso al momento especial de un heredero que se ha preparado a conciencia para cumplir con su papel histórico. Por lo pronto, la noticia merece un importante espacio en nuestra vida.
¡Dios Salve al Rey!

sábado, 24 de mayo de 2014

Castillo de Ciergnon



El Castillo de Ciergnon ha sido usado como residencia de verano de la monarquía belga desde que fue construido por el rey Leopoldo II en tierras compradas por el rey Leopoldo I para agradar a su esposa la reina María Luisa. Era en principio un coto de caza, el cual se derribó para dar paso al castillo tal como se conoce actualmente.
Durante la segunda Guerra Mundial, Ciergnon fue frecuente residencia de los príncipes Balduino y Alberto, antes de que la familia fuera obligada a abandonar Bélgica por los ejércitos aliados en 1944.  En 1948, se construyeron algunas ampliaciones a cargo del Príncipe Regente Charles y, desde entonces, se ha convertido en el sitio vacacional favorito (y refugio)  de todos los miembros de la familia real. Ha sido testigo de numerosos eventos fundamentales para el crecimiento de la familia: allí fue presentada a la prensa la reina Fabiola, después de comprometerse en matrimonio con el rey Balduino en 1960 y en su pequeña capilla han recibido las aguas bautismales todos los hijos de los actuales reyes Felipe y Matilde.
El Castillo de Ciergnon, una hermosa edificación de piedra gris  con cuatro picudas torres en las esquinas, es en realidad (continua siéndolo) un coto de caza, está hundido en el espeso bosque de las Ardenas, cubierto por frías nieblas, en la localidad belga de Houyet a  unos 100 kilómetros de distancia de la capital belga. Pertenece a los fondos de la corona y es, actualmente, uno de los lugares favoritos de los reyes Alberto y Paola, tras su abdicación, al punto de convertirse en su segunda residencia.

Castillo de Stuyvenberg

 
El Castillo de Stuyvenberg, ubicado en el asentamiento real de Laeken,  es propiedad de la Corona Belga y es la residencia oficial de la reina viuda, SM Fabiola de Mora y Aragón (esposa del rey Balduino) El gobierno lo adquirió en 1840, con el único propósito de almacenar propiedades; pero, en 1851 el rey Leopoldo I se hizo cargo del castillo para convertirlo en residencia de su amante, Arcadia Meyer (nacida Claret) fue allí donde nació el segundo hijo de la pareja, Arthur.  Al morir Leopoldo, Madame Meyer se fue de Bélgica y el Castillo quedó abandonado hasta 1889, cuando el rey Leopoldo II empezó una serie de negociaciones de compra, venta y reventa, hasta hacerlo parte de los fondos de la corona. Desde entonces, Stuyvenberg no tuvo una “asignación oficial” hasta 1929, año en que se convirtió en residencia del futuro rey Leopoldo II y su esposa la reina Astrid y sitio de nacimiento de sus hijos menores, Balduino y Alberto II, mas tarde reyes de los belgas. Al morir la reina Astrid, la familia dejó el castillo y se instaló en el palacio de Laeken; una vez más, el castillo quedó vacio y sin asignación; así estuvo hasta que en 1951, se convirtió en la residencia de la reina viuda Elizabeth, allí vivió hasta su muerte en 1965 y, tras una profunda renovación, el castillo se convirtió en lugar de alojamiento para jefes de estado visitantes y algunos miembros del alto gobierno. Al morir el rey  Balduino y subir al trono su hermano Alberto, quien (al igual que su libertina esposa, la reina Paola) nunca había tenido excelentes relaciones con la reina viuda, se planteó el dilema de dotarla de un hogar acorde con su estatus; ninguno como Stuyvenberg, un castillo lleno de historias “pecaminosas” que seguramente necesitaba un poco de la adusta y católica vida sosegada de la reina Fabiola, una mujer de intachable moral y comportamiento rayano en la más decimonónica pacateria; de ese modo, se convertía nuevamente en una propiedad perteneciente a los fondos de la corona.
Por ahora ese es el destino de este hermoso castillo: alojar a las viudas ilustres de los reyes belgas. Nadie sabe lo que sucederá al momento de la muerte de la reina Fabiola, pues incluso en el caso de que la Reina Paola enviudara del Rey Alberto II, ella difícilmente abandonará Belvedere, sitio que por lo demás, corresponde a la princesa heredera actual, una niña muy pequeña como para pensar en castillos a su cargo. Cabe pensar entonces que volverá a conocer periodos de abandono y salones vacios o encontrarán una forma de resolver uno más de los graves entuertos que padece la familia real de los belgas.